27 jul 2026 | Última actualización: 19:12 hrs. (CST)
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Apertura

El mundo cambió, todo cambió. Y no cambió como suele suceder en cada etapa de la humanidad en fases, en periodos, en etapas de la historia. La profecía de Francis Fukuyama o de los comunistas recalcitrantes se convirtió en una realidad. Aunque no en el sentido que imaginaron.

La historia acabó porque todo pertenece al streaming. Al mundo real interconectado, a millones de personas que pueden manifestar sus pensamientos, expresarse, ganar adeptos (seguidores) que se unan a su causa o que compren sus marcas. No existen las nociones del tiempo más las que aún perduran entre los gobiernos y en el sector financiero.

Pero la vida del capitalismo como imperante en todo el mundo tiene en el streaming la manifestación real de su omnipotencia  global y en cada individuo. Cualquier ser humano  salvo grupos que conservan sus tradiciones primitivas (y no con mucho esfuerzo) pueden tener acceso a la Red para contactar a cualquier habitante del planeta.

La interconectividad entre individuos llevó a la humanidad a una era del conocimiento que después evolucionaría al streaming o conexión perpetua facilitadas en su mayoría por las redes sociales. Y esa acumulación de conocimiento, de su proceso, de dinámicas sociales, de expresiones individuales además de todo lo llevado a cabo durante siglos de Ciencia, dirigen a todo el planeta a la era de la Inteligencia Artificial. Ese esfuerzo humano por generar un cerebro y conciencia de la humanidad en su máxima ambición de emular a Dios (una concepción aceptada por creyentes y ateos).

Mientras todas las sociedades del planeta asimilan con escepticismo la llegada de una nueva era, el mundo del streaming ha transformado numerosas rutinas, hábitos y puntos de encuentro que impactarán para siempre a todos los individuos.

La comunicación con propios y extraños se puede dar de manera remota pero con las facilidades de sonido y video la experiencia es casi presencial. Las transacciones monetarias y una lista casi infinita de tareas que las personas tenían que hacer de manera presencial prácticamente desaparecieron en su concepción original.

Las oficinas como espacios laborales quedaron reducidas a puntos de reunión, los centros comerciales agonizan gracias a las transacciones electrónicas que diariamente hace cualquier persona, como una simple compra por internet.

Y es ese sector financiero alterno que fue marcando su independencia de los mercados nacionales es el que está redefiniendo a la economía mundial, las rutas comerciales, los sectores financieros y la influencia de los gobiernos con sus gobernados.

La concepción del individualismo llegó a su máxima expresión y es esa perdida de identidad la que ha detonado la mayoría de los conflictos globales actuales. Entre un mundo interconectado influido más por grupos económicos que por los gobiernos de sus países.

La estrategia que terminó por derrumbar el bloque socialista alcanzó también a los países que desarrollaron el capitalismo como el modelo a seguir y a sus engendros más voraces como lo es el neoliberalismo. El punto final o más bien del tiempo que conservaban una línea de temporalidad definido por etapas y no como múltiples fragmentos de sucesos dados desde su propia dimensión y no bajo una serie de principios generales estipulados.

Y esa es tal vez la mayor disyuntiva de la política global actual: que las realidades son infinitas y no existen una serie de reglas o principios que definan la identidad de los individuos las verdaderas raíces de una sociedad.

En Estados Unidos como punta de lanza de un mercado global y del orden mundial en general se debate entre recuperar la razón de su origen como país y todos los principios que lo llevaron a ser el epicentro del planeta o de mirar al futuro y más allá de sus horizontes (como al espacio) en ese afán de ir siempre más allá de sus fronteras y de controlar todos lo que pueda hacerlo con su capacidad de obtener y gestionar recursos.

La llegada de Donald Trump al poder de Estados Unidos es una consecuencia tardía a la crisis del 2008 iniciada durante la administración de Barack Obama que poco a poco desmoronó un sistema financiero que respaldo por décadas los alcances estadounidenses de introducir su modelo de prosperidad o su influencia en cada rincón del planeta.

En 2008 fue el punto de quiebre para el modelo de prosperidad que giraba en torno a todos sus sectores productivos con una distribución del trabajo por segmentos, niveles y escalas en toda la periferia en la que mantenía influencia y dar los acabados finales o ser el epicentro desde su mismo territorio.

En Asia el control a las rutas de los hidrocarburos que alimentan una industria que inició básica y rudimentaria y en la actualidad es la más desarrollada, capaz y eficiente del mundo, en África la explotación de recursos naturales y Latinoamericanos con movimientos estratégicos generalmente alimentado por intereses económicos para explotar recursos naturales, influir en la fragilidad institucional de sus gobiernos, en el desarrollo de zonas económicas y como una ruta de la ilegalidad que contemplaron, implementaron y combatieron después los mismos que establecieron el modelo neoliberal y que en su efecto siempre han alimentado.

El orden que duró desde la posguerra hasta la crisis de 2008 hizo de Estados Unidos la tierra prometida para conseguir el anhelado ‘sueño americano’.

Entre tanta prosperidad las oportunidades se encontraban a la orden del día pero también surgió la cultura del excesos y despilfarro que no sólo ha dejado graves estragos en su tejido social y en sus individuos, también llevaron al planeta a un punto de no retorno por todas las devastaciones ecológicas que hasta la actualidad es sometido.

Y el modelo neoliberal fue impuesto prácticamente a la fuerza sin contemplar que la realidad superaría cualquier expectativa. El modelo imperialista estadounidense inspirado en la Gran Bretaña de la era victoriana consiste en llevar a todos los puntos del planeta su concepción de civilización desde sus cimientos.

En México por ejemplo, las ciudades de mayor crecimiento durante todo el siglo XX y en la primera parte del siglo en turno fueron las que en su sector productivo o en su abundancia de recursos eran útiles para la maquinaria capitalista estadounidense sobre forzada y llevada al punto del colapso, al límite de lo admisible.

Todas las ciudades de la franja fronteriza, ninguna sin excepción crecieron a una velocidad que ni los mismos gobiernos locales comprendieron en su momento.

El desarrollo fugaz sin las respectivas regulaciones del Estado terminaron en una catástrofe social que al final detonarían un fenómeno de inseguridad en contraste al colombiano más regulado por las leyes del mercado que por la injerencia de los grupos de poder.

Y las rutas del contrabando tomaron más importancia por el valor del tráfico de mercancías que por el mismo valor de las mercancías per se. 

El modelo estadounidense se acopló bien y todas las necesidades legales o no, terminaron por servir y abastecer a las urbes estadounidenses que disfrutaban de una abundancia gracias a todas las redes de intereses que tejían directamente en otras partes del mundo.

Y fue el alimento de muchas empresas y corporativos para buscar en cualquier rincón del mundo una oportunidad de negocio que permitiera seguir alimentando un apetito y sed insaciables.

Empresas tan conocidas en el mundo como Mcdonalds y Walmart fueron la muestra más clara del capitalismo con un sentido imperialista por su presencia omnipotente en casi cualquier rincón de la esfera de influencia estadounidense y por su acumulación de capital. La cadena de comida rápida por ejemplo, llegó a presumir como sus activos una fortuna equiparada al Producto Interno Bruto de países como Ecuador.

Y uno de los grandes logros del modelo fue la gran diferencia que tuvo con el colonialismo europeo en sus dos fases más importantes (la española y la británica): que el mercado permitía a los locales vivir sí bajo un yugo, pero igualmente con la oportunidad de generar riqueza bajo el mismo modelo y en casos como el asiático, de generar conocimiento propio y aterrizarlo en innovación tecnológica, al final la mejor manifestación de poder y autosuficiencia.

Y tal vez ese fue parte de la desgracia que actualmente padece Estados Unidos como país y por culpa de sus propios gobiernos y de la voracidad de los mercados. La renuncia a la industria nacional para emigrar a otros rincones del planeta para reducir costos los dejó a merced de sus ‘colonizados’ y áreas de riqueza e influencia a nivel mundial como la Región de los Grandes Lagos terminaron como zonas de pobreza, conflictos sociales y como un caldo de cultivo ideal para los populismos y las recetas mágicas de prosperidad.

Y fue al final la verdadera condena del ‘sueño americano’. 

‘Crecieron los enanos’

Las ‘colonias’ que no fueron ‘colonias’ superaron a la ‘metrópoli’. La caída del bloque comunista dejó a su principal competidor, Rusia, sumido en una profunda crisis de la que tardó tres décadas en salir. En China, el comunismo continuo como un proyecto político y de represión, pero adapto un modelo capitalista de mayores alcances al estadounidense de origen.

Japón, el eterno aliado en el mundo de la posguerra mantuvo su espíritu perfeccionista y de la mano con Estados Unidos por mucho tiempo sostuvo la calidad en la industria estadounidense, hasta la emergencia de China, Taiwán y Singapur que les mermó mercado y le dieron la muestra a los del sol naciente que tenían la capacidad suficiente de hacer las cosas por cuenta propia.

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